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viernes, 11 de mayo de 2012

PROMESAS


Al recordar tus promesas
tus palabras tan dulces
haces que me sienta
volando entre las nubes.
Promesas que vienen
en el suave suspirar
de esta niña que tiene
sed y hambre de amar.
Amar lo que tú quieres,
que yo ame al caminar
por este mundo, que muere
sin amor y en soledad.
Tus promesas gloriosas
son un fresco manantial
a mi alma que rebosa
de tu paz y tu verdad.
Esa paz que no muere,
cuando oyen pronunciar
mis oídos, ¡Tus Palabras!
que jamás han de pasar.
                    Patricia Olivera Castillo

martes, 20 de marzo de 2012

La Misericordia de Dios

Mi primer tercer poema cristiano.

Me canse de estar muerto
y el Señor me dio vida.
Me harte de vivir sin sueños,
sin alegrías, sin gozo
y el Señor me dio los suyos.
Mi vida carecía de motivos,
y el Señor me dio uno solo
para vivir con alegría.
Me canse de caminar por la vida,
de tropezar hasta caer,
de lacerarme el alma con las
espinas del camino,
y el Señor me tomo en sus brazos
para terminar mi recorrido.
Me canse de vivir en soledad,
y el Señor ato su vida a la mía.
Me canse de todo,
y el Señor me dio reposo.
Cuando pase hambre,
el Señor se transformo en mi alimento.
Cuando sentí sed infinita
el Señor se transformo en agua.
Cuando me sentí triste,
el Señor se transformo en mis alegrías.
Cuando la cobardía me invadió,
el Señor me infundió valor.
Por ello y mas le doy gracias a mi Señor.
                                     Arturo.

viernes, 20 de enero de 2012

¡APIÁDATE DE MI CORAZÓN ALMA MÍA!

¿Por qué lloras, Alma mía?
¿Acaso desconoces mis flaquezas?
Tus lágrimas me asaetan con sus puntas,
pues no se cual es mi error.
¿Hasta cuándo he de gemir?
Nada tengo sino palabras humanas
para interpretar tus sueños,
tus deseos, y tus dictados.

Contémplame, Alma mía;
he consumido días enteros
observando tus enseñanzas.
¡Piensa en todo lo que sufro!
Siguiéndote mi vida se ha disipado.

Mi corazón se ha glorificado en el trono,
pero ahora no es mas que un esclavo;
La apariencia era mi compañera,
más ahora se ha vuelto en mi contra;
la juventud era mi esperanza,
más ahora desaprueba mi abandono. 

¿Por qué eres tan acuciante, Alma mía?
He rehusado el placer
y he abandonado la dicha de la vida
en pos del camino que tu 
me has obligado a recorrer.
Se justa conmigo, 
o llama a la Muerte
para que se desencadene
pues la justicia es tu virtud.

Apiádate de mi corazón, Alma mía.
Tanto amor has vertido sobre mí
que ya no puedo con su carga.
Tú y el Amor son un poder inseparable;
la materia y yo una debilidad inseparable.
¿Cesarás alguna vez el combate
entre el débil y el poderoso?

Apiádate de mí, Alma mía.
Me has mostrado la fortuna inalcanzable.
Tu y la fortuna moran 
en la cumbre de la montaña;
la desdicha y yo estamos juntos
y abandonados en lo profundo del valle.
¿Se unirán alguna vez el valle y la montaña?

Apiádate de mi, Alma mía.
Me has mostrado la Belleza 
y luego la has ocultado.
Tu y la Belleza moran en la luz,
la ignorancia y yo somo uno en la oscuridad.
¿Invadirá la Luz alguna vez las tinieblas?

Tu deleite llega con el fin,
y ahora te revelas anticipadamente.
Mas este cuerpo sufre por la vida
mientras vive.
Esto es, Alma mía, el desconcierto.

Presurosa huyes hacia la Eternidad,
mas este cuerpo fluye lento hacia el fin.
Tu no lo esperas,
y él no puede apresurarse.
Esto es, Alma mía, la tristeza.

Te elevas raudamente, 
por el mandato de los cielos,
más este cuerpo se desploma
por la ley de la gravedad.
No lo consuelas
y él no te quiere.
Esto es, Alma mía, la desdicha.

Eres rica en sabiduría,
mas este cuerpo es pobre en comprensión.
Tu no te arriesgas,
y él no puede obedecer.
Estos es, Alma mía, el límite de la desesperación.

En el silencio de la noche visitas al enamorado
y gozas con la dulzura de su presencia.
Este cuerpo será por siempre 
la amarga víctima de la esperanza y la separación.
Esto es, Alma mía, la tortura despiadada.
¡ Apiádate de mi, Alma mía!

                                   Khalil Gibrán.